Raymond Carver.

En 1976 Carver escribe Will you please be quiet, please?, un puñado de cuentos en los que critica la porquería de la sociedad: el machismo, el body shaming, los prejuicios sobre la libertad sexual… Casi cincuenta años después y seguimos en la misma mierda. Por ello tomamos cinco de estos cuentos como inspiración para nuestra colección y así visibilizar, desde la irreverencia y el sarcasmo, el daño que ha hecho a las personas el patriarcado.

EL PADRE

El bebé estaba en un moisés al lado de la cama, tenía un mameluco y un gorro blanco. El moisés había sido pintado recientemente y tenía listones y cobijas azules. Las tres hermanitas y la madre, quien apenas se había levantado de la cama y todavía no estaba despierta por completo, estaban paradas al lado del bebé. La abuela estaba con ellas. Miraban cómo el bebé se llevaba su mano a la boca. No sonreía ni reía, pero de vez en cuando pestañeaba o pasaba su lengua por los labios cuando alguna de las niñas le acariciaba la barbilla.

El padre estaba en la cocina y podía escuchar cómo jugaban con el bebé.

“¿A quién quieres, bebé?” Dijo Phyllis y le tocó la barbilla.

“Nos ama a todos”, dijo Phyllis, “pero al que realmente ama es a papá porque papá también es un niño”.

La abuela se sentó al borde de la cama y dijo “¡Miren su bracito! Gordo. ¡Y esos deditos! Igual a su madre”.

“¿No es lindo?”, dijo la madre. “Tan sano, mi bebito”. Y se inclinó para besar al bebé en la frente y ponerle la cobija por encima del brazo. “Nosotras también lo amamos”.

“¿Pero a quién se parece? ¿A quién se parece?”, gritó Alice, y todas se pusieron alrededor del moisés para ver a quién se parecía el bebé.

“Tiene ojos bonitos”, Dijo Carol.

“Todos los bebés tienen ojos bonitos”, dijo Phyllis.

“Tiene los labios de su abuelo”, dijo la abuela. “Miren sus labios”.

“No sé…”, dijo la madre, “no estoy tan segura”.

“Esos labios…” murmuró la abuela. “Esos deditos…”, dijo, sacó la mano del bebé y examino sus dedos.

“¿A quién se parece el bebé?”

“No se parece a nadie”, dijo Phyllis. Y todas se acercaron aún más.

“¡Yo sé! ¡Yo sé!”, dijo Carol. “Se parece a papá”. Y examinaron mejor al bebé.

“¿Pero a quién se parece papá?”, preguntó Phyllis.

“¿A quién se parece papá?”, repitió Alice, y todas miraron en dirección a la cocina, donde se encontraba el padre, con la espalda vuelta hacia ellas.

“¡¿Qué?! ¡A nadie!”, dijo Phyllis casi a punto de llorar.

“Shhh”, dijo la abuela y miró hacia la cocina y luego hacia el bebé.

“¡Papá no se parece a nadie!”, dijo Alice.

“Pero debería parecerse a alguien”, dijo Phyllis, limpiándose los ojos con uno de los listones. Y todas, con excepción de la abuela, miraron en dirección al padre, que estaba sentado a la mesa.

Había volteado su silla y su cara estaba blanca y carecía de expresión.

Traducción. Iván Ortega. Instagram: @just_text_no_sugar

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